Fracaso final del plan Prat de privatización del ICS

Por Alfons Quintà (fuente: El Debat)
El miércoles por la mañana murió el intento de reforma del Institut Català de la Salut (ICS) concebido por su presidente, Josep Prat. Creado en 1983, con el voto unánime del parlamento catalán, el ICS es el organismo central del sistema sanitario catalán.
Publicado el 30 de Mayo de 2012  |  229 visitas
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Al menos en un futuro previsible, no podrá ser transformado en veintidós empresas privadas, como quería Prat.

Mas fue de una osadía delirante al nombrar a Prat, para "reformular" (semánticamente, destrozar) un ICS calificable de franquista, ingestionable y "uno, grande y libre" (parafraseando la sandez franquista). Él no lo ha sabido gestionar, ni reformar.

El odio de Mas y de los suyos contra el modelo sanitario que se encontraron cuando llegaron al poder es tan visceral –y tan central en su deseo de control social– que ciertamente habrá más ataques contra el ICS. Saben que es la pieza clave, el corazón, el núcleo, la sala de máquinas. Al destrozarlo se cargarían el sistema. Pero ha fallado el primer intento, el de Prat, que quería ser rápido, consistente en trocearlo en 22 empresas privadas. Ha fracasado por su incompetencia y extrema osadía.

Seguramente habrá más intentos. Pero serán diferentes. De momento, hoy no se ve que la Generalitat sea tan sólo capaz de formularlos jurídicamente. Ahora bien, hay que darles confianza en cuanto a crear más follones, en los cuales la asistencia sanitaria real y efectiva continuará siendo deliberadamente la víctima.

Desde el primer momento, la Generalitat evitó elaborar un discurso sanitario y una hoja de ruta coherentes y posibilistas. Optó por culpabilitzar gratuitamente al personal sanitario, mientras daba hachazos en todas direcciones. Le era indiferente el daño patente que causaba a la salud de la población. También estuvo ausente el coste real de la sanidad. Sólo quiso que fuera más barata, a corto plazo, para las finanzas públicas. Pero acabará siendo más cara para todos, cómo he argumentado tantas veces, dado que será más disfuncional. Tampoco se tuvieron en cuenta las posibilidades normativas, es decir jurídicas, como ahora se ha constatado. Perderán la salud y también el Estado de Derecho, por no decir nada del derecho a la información, tan descaradamente ahogado.

Este fracaso jurídico y político es otra bofetada para Josep Prat. Se suma a los procedimientos judiciales que le afectan y al desastre sanitario y económico que ha dejado en Reus. Esta ciudad lo sufrirá durante un número incalculable de años.

La derrota formal del plan de Prat, consistiendo en sustituir el ICS por 22 empresas privadas, se produjo en el curso de una gran reunión celebrada en la sede de la conselleria. Insólitamente, Prat no asistió. Ni Joaquim Casanovas, director general del ICS. En cambio, había una decena de altos cargos de Salud, Economía y Finanzas y Función Pública, así como Jaume Benavent, director general de Asuntos Asistenciales. No había ningún representante de PricewaterhouseCoopers, la multinacional que Prat había escogido, desde el principio, para que lo asesorara en la destrucción del ICS como ente público.

Inviabilidad jurídica del proyecto Prat

Todos coincidieron en la inviabilidad normativa del proyecto. Para llevarlo a cabo hubiera sido necesaria una nueva modificación de la ley del ICS, posibilidad descartada por Artur Mas y Boi Ruiz, por razones políticas obvias. Ya tienen bastante con el ajetreo existente, al cual se acaba de añadir el escándalo centrado en el Hospital de Sant Pau de Barcelona.

El plan de Prat permaneció mucho tiempo secreto, a pesar de que había habido una filtración periodística parcial. Los diputados del PSC Marina Geli y Josep M. Sabater consiguieron que Ruiz finalmente lo remitiera al Parlament, después de semanas de reclamarlo. Quién esto escribe pudo revelar su contenido el pasado nueve de febrero. Se puede conseguir en la web del Parlament: trámite 320-00095/09, registro de entrada 41967. Tiene 32 páginas. Lleva por título "La governança de l'Institut Català de la Salut".

El documento era de una brutalidad, un paternalismo y una demagogia impropios en un texto dirigido a un legislativo. Usaba la palabra "kontrol" (con k) y expresiones arrogantes, como "la reformulación del ICS significa un giro de 180 grados". Al fin y al cabo, habrá sido un giro de 360 grados, al quedar como antes, por lo que respecta al objetivo entonces confesado: la privatización pura y dura del ICS, equivalente a la destrucción del sistema público catalán de salud. Boi Ruiz osó declarar, en sede parlamentaria, acreditando así que las vigas del Palau del Parc de la Ciutadella son resistentes, que el ICS es "uno de los pocos reductos del franquismo". Ningún diario catalán lo recogió. Sólo lo hizo el ABC.

Era fácil ubicar ideológicamente y fácticamente aquella operación, concebida personalmente por Prat y aprobada al más alto nivel de la Generalitat. Era una adecuación a nivel catalán de lo que el propio Prat había efectuado en Reus con el holding municipal Innova. Ahora éste tiene un endeudamiento oficial de 202 millones de euros, es decir 33.532 millones de las antiguas pesetas. Fue de un pelo que aquella digamos epopeya de Prat quedara enterrada. Lo expliqué, en primicia, hace meses y, lamentablemente, por ahora, con más detalle que nadie. El tema está sometido a consideración judicial, en el orden penal.

El plan de Prat lo han hundido finalmente los funcionarios de los tres Departamentos mencionados. Han impuesto lo que siempre había sido evidente: la antijuricididad del proyecto, exceptuado el caso de que hubiera un cambio legal profundo. Esto hubiera implicado un coste político inmenso.

Curiosamente, en la Generalitat, y respecto al plan Prat, finalmente ha sucedido lo que también acabó pasándole al mismo Pray en Reus, respecto a Innova. Ha sido finalmente el funcionariado el que le ha parado los pies y ha liquidado su insolencia antijurídica. Ahora bien, perduran dos pésimos poderes políticos. Uno lo constituyen Artur Mas, Germà Gordó y Boi Ruiz a la Generalitat. El otro, el incompetente alcalde Carles Pellicer (CiU) en Reus. La demagogia antimédicos y antifuncionarios ha explotado en manos de CDC. No podía ser de otra manera. CDC recibirá más estragos, siempre de rebote. Hay de todo en todas partes, pero una vez más, aquí y ahora, los funcionarios han demostrado ser mejores y más dignos que los dirigentes políticos.

En los últimos días, las idas y venidas respecto a qué hacer con el ICS han sido constantes. Ha habido informes jurídicos muy contrarios a los planes de Prat. Lo que no se entiende es que se haya tardado tanto en poner sobre la mesa lo que siempre había sido evidente. Está claro que la pésima relación personal existente entre Prat y Ruiz también ha ayudado. También ha quedado patente la verticalidad y el autoritarismo interno de la actual Generalitat. El proyecto de Prat era como el rey desnudo del cuento de Hans Cristian Andersen. Nadie osaba decir lo que era evidente, por miedo a caer en desgracia o de ser marginado. Resulta que 175 años después de la publicación de aquel cuento, ya deliberadamente exagerado, la Generalitat lo convierte en una realidad fáctica.

Por decirlo en términos futbolísticos, Prat acumula más tarjetas rojas que nadie de la Generalitat. Un día u otro los procedimientos judiciales que le afectan, surgidos en Reus, se concretarán en acciones públicas concretas. Se entiende que desde la política se nieguen medios a la administración de justicia.

Se partió del apriorismo de querer destruir la sanidad pública, aunque beneficiando a los amigos (políticos y económicos) del sector concertado. Se eligió a Josep Prat por su experiencia en Innova. El hecho de que Prat fallara espectacularmente, en una empresa más pequeña que el ICS, sirvió, ay, para confiarle la reformulación del ICS, la mayor empresa pública de Catalunya, aliñándolo de entrada de incompatibilidades a destajo, hoy sometidas a consideración judicial. No se podía hacer peor.

Montajes privatistas primitivos

Ahora bien, la fuerza de Prat radica en el hecho de que, todavía ahora, o quizás más ahora que antes, nadie razonable quiere asumir su función. O, en todo caso, no quiere llevarla a cabo con la brutal rapidez que él concibió. A la vez, la situación política es peor: las ideas del ministro Montoro son antagónicas a los montajes privatistes primitivos de Prat y, en definitiva, de la Generalitat. No es que el PP no quiera privatizar nada, ni que sea un modelo de juridicidad. Pero la olla de grillos es más patente en Catalunya, que –pequeño detalle– resulta ser la comunidad donde se ha recortado más en sanidad, a pesar de lo que se va sabiendo del resto de España.

Esta verdad lapidaria CDC la quiere esconder retomando, de forma que no podía ser más demagógica, el concepto, olvidado durante meses, de Servicio Nacional de Salud, como ya expuse en mi última colaboración. Osan intentar hacer creer que los recortes son sólo cosa del gobierno central. Se atreven porque su peso en la comunicación pública es tan escalofriante como el tamaño de su hígado.

Hay varias maneras de hundir una sanidad pública. Una es destrozándole el presupuesto. La otra, excluyendo personas. Una tercera, recortando de derecho o de hecho (con las brutales listas de espera) las prestaciones. Una más, imponiendo copagos. En Catalunya, en pocos meses, se han aplicado todas las medidas aludidas, en base a un fuego cruzado en el cual los cañonazos de la Generalitat han sido superiores a los propios de todas las otras comunidades y, finalmente, complementados por las provenientes del gobierno central. Todo ello ha ido acompañado de maniobras de distracción informativa descarada, también peores en Catalunya que en todas partes.

En Catalunya, la caída sanitaria ya ha beneficiado a las mutuas. Aquí había un 25 por ciento de población con doble cobertura, una pública y otra privada. Esta última habría aumentado un tres por ciento. Pero muchos asegurados que tenían varias pólizas además de la de salud (como la de vida, de robo, de incendio, de coche, etc.) han anulado o reducido alguna o algunas. Las cuentas son claras.

Otro dato colateral consiste en que el derrumbe del núcleo de poder sanitario de la Generalitat (Ruiz, Prat y compañía) ha hecho proliferar a los aspirantes a nuevos reinos de taifas, que históricamente sólo fueran signo de decadencia. Es imposible argumentar que los reinos de taifes que están al caer serán mejores de lo que ya teníamos.

Un nuevo aspirante a reicito sanitario –o a reiceito sanitario más poderoso– es Josep M Piqué, director general del Hospital Clínic de Barcelona. Este hace tándem – utiliza– al ex conseller de Salut Xaver Pomés, siempre poco iluminado por el Espíritu Santo, en particular cuando fue un pésimo conseller de Interior. Piqué quiere disfrutar de aun más poder. Cómo tantos otros, ve que se deshace el modelo que había y no se crea nada serio ni equitativo para sustituirlo. Esto le ha abierto el apetito. De poder, claro. Se ha abierto la veda para los ávidos de cortar más bacalao y de todo lo que esto comporta. En cuanto a mejorar la asistencia sanitaria, o de al menos no empeorarla, es un tema que hoy no toca, como solía decir el inefable Jordi Pujol.

Paralelamente, como ya ha informado Eldebat.cat, los líos sanitarios, por no decir escándalos puros, como el centrado en el Hospital de Sant Pau de Barcelona, van saliendo a la luz, finalmente y por suerte. Sin duda, quedan muchos pendientes. La caja de los truenos permanece abierta.

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