
... por Ley de Modificación de los Presupuestos Generales, aprobada el pasado 3 de julio, en el pleno de la Asamblea de Madrid —con los suyos votando a mano alzada—, ya decidió que miles de personas que vienen trabajando desde hace años en los hospitales públicos de Madrid son personal a extinguir. Esa Ley dice que “se procederá de manera progresiva a la externalización de los servicios no sanitarios necesarios para el adecuado funcionamiento de la red de centros del Servicio Madrileño de Salud, mediante los oportunos concursos públicos”.
Es decir, a través de una modificación de unos presupuestos, por la que se les vuelve a bajar el sueldo, los trabajadores se enteran de que sus oficios (26 en total) van a desaparecer. No porque no sean ya útiles, pues esas actividades se van a seguir realizando, sólo que a través de empresas privadas. No se extinguen las pinches de cocina, sino que Esperanza Aguirre las extingue, en Madrid, como trabajadoras públicas. Lo mismo que electricistas, o cualquiera de las 26 categorías que la presidenta ha decidido inmolar para beneficio de ciertos empresarios, puede que amigos o del mismo partido. De los que aplauden.
Pero nosotros, los usuarios de la Sanidad pública, tenemos que apoyar a quienes se plantan y, con diferentes acciones, intentan salvar lo que nos corresponde. Hoy, a las 11 de la mañana, encierro en el Hospital Ramón y Cajal, convocado por la recién constituida Coordinadora de Hospitales y Centros Sanitarios de la Comunidad de Madrid.
Lo hacen por el bien común. Aplausos. Ahora, sí.
